Barcelona Cultura
2018-12-16 06:34:00

Cròniques

Algo pasa con la comunidad
Una comunidad que aspire a un proceso de emancipación necesita algo que no se posee en sociedades individualistas y líquidas: compromiso

Foto: THOMAS VILHELM
Text: GUILLEM MARTÍNEZ
 

GRÀCIA. Pues aquí, a toda castaña hacia Gràcia. Es imposible no amar al barrio de Gràcia. De hecho, la NASA sólo ha localizado a dos personas que no han amado a Gràcia. Un funcionario chino del siglo XII y un danés, desanimado tras la guerra germano-danesa. Municipio independiente en varias ocasiones, en Gràcia se ensayó el Ensanche de BCN, en uno de sus momentos de soberanía municipal. Quedó mono, pero alejado de la inteligencia y la funcionalidad de Cerdà. De hecho, es todo lo contrario a Cerdà. Son plazas bucólicas, calles estrechas y repartidores en camiones y furgonetas paralizando la vía pública y jurando en arameo. Como ya habrán adivinado, voy a un acto, a la Plaça de la Virreina. Está al lado de la Plaça del Diamant. Es, de hecho, la prima enrollada de la Plaça del Diamant. Se llama de la Virreina porque aquí se hizo la casa de verano la Virreina del Perú. A todo lo que era del Virrey del Perú, en BCN se le llama de la Virreina. Como sucede con el Palau del Virrei, que está en la Ramblas. La razón: el Virrey era un viejales, casado con una mujer jovencísima. No tardó en morir, se supone que de colapso generalizado pero con una sonrisa en los labios. De la casa de verano de la Virreina no queda nada, salvo su solar, que es una plaza, muy afrancesada. Hay algún detalle barroco en las paredes exteriores de la Iglesia de la plaza, que eran de la residencia. La iglesia, por dentro, es poco interesante. En BCN se empezaron a quemar iglesias en 1835. Con dos grandes puntas: 1909 y 1936. Sólo queda intacta, de hecho, la Catedral. Era tan grande que, en pleno subidón, nadie la vio, supongo. Esta plaza es importante porque antes de ser una plaza, cuando era la residencia de verano de la Virreina, fue el topos en el que se inventó un concepto importantísimo para la ciudad. El xarnego / charnego. Y, como quien dice, se inventó dos veces, como todas las cosas determinantes.

EL XARNEGO. BCN volvió a ejercer el urbanismo –su obsesión, y una actividad interrumpida en 1714–, con el Ajuntament del Trienio Liberal, que hizo la Plaça de Sant Jaume, el actual edificio del Ajuntament –ultra-neoclásico, muy republicano–, un templo a la libertad, demolido en breve en 1823, y un intento de acabar la fachada de la Catedral –finalmente, se acabó en el siglo XX, con ese falso gótico tan barcelonés–. La idea era divertida. Consistía en cubrir la fachada con placas de mármol, cada una con un artículo de la Consti de 1812. Bueno. Ese paréntesis acabó con la invasión francesa de 1823. Las tropas que vinieron a BCN se instalaron en la casa de verano de la Virreina, que fue su cuartel general. De ahí sólo salían para dos actividades. Siendo a) poner orden, y siendo b) tener hijos. A los hijos de aquella tropa, hijos de francés y barcelonesa, se les llamó xarnegos. Con el tiempo, el campo semántico se amplió a la emigración castellano-hablante. Sí, BCN siempre ha sido una ciudad dura para empezar. En el siglo XX, Marsé ubica a sus personajes a escasos metros de esta plaza. Son charnegos. Tipos adaptados a su inadaptación, personas que, desde fuera, pueden ver perfectamente el dentro, y lo formulan. Que es lo que hace la inmigración universal en el universo, periódicamente. Ver, formular, ser una comunidad de sentido que, en breves generaciones, tiende a ser parte del sentido de una ciudad. La charla de hoy va de eso. Comunidades, no solo formadas por su origen, sino por sus costumbres o vida privada. De sentidos, en ese sentido amplio, organizado, pero desordenado, que es un ciudad. Título: Ciutat i Comunitat. Intervienen: Begoña Román –doctora en Filosofía por la UB, miembro de la Comissió de Seguiment del Codi Ètic de la Federació Catalana d'ONG per al Desenvolupament–, Quim Brugue, y César Rendueles –doctor en Filosofía y profe de sociología en la UC; miembro fundacional de Ladinamo; Ladinamo, a su vez, es la pera; fue una revista bella, sexy, gamberra, rigurosa, de un colectivo de izquierdas madrileño, al que descubrí a principios del XXI, formado por tipos como Rendueles, Carlos Prieto, Víctor Lenore, Emmanuel Rodríguez, Isidro López, Guillermo Zapata... personas que la están liando en el siglo XXI, vamos; Rendueles, a su vez, ha aportado una voz sosegada y formada al anticapitalismo, un tono relajado, zen, para hablar de la locura cotidiana y, peor aún, de la locura cotidiana escondida en la normalidad de la locura cotidiana; no se pierdan nunca a Rendueles–. Modera la doctora en Filosofía e investigadora en TRAFILO Lorena Fuster.

 

LA COSA. Llueve, por lo que la cosa se celebra en interior/en el Orfeó Gracienc, una de las chorrocientas entidades de Gràcia. Cuando las charlas salen de la calle y se ponen indoor, quedan menos sexys, pierden la calle, su razón estética. Empieza Brugue. “Hay dos grandes modelos de comunidad. La polis y el Estado-nación". "La polis convierte a las personas en ciudadanos, que es una comunidad elitista", "el Estado-nación es una situación asimétrica a la anterior: pone el acento en proyectos individuales", "¿puede la ciudad del siglo XXI ser un tercer espacio, la suma de proyectos individuales y de proyectos colectivos? Román: "Puede haber ciudades dormitorios, sin vida en común, de violencia estructural". "Las características que hacen hospitalaria una ciudad serían a) hacer el centro de la ida cotidiana, b) la vulnerabilidad, el hecho de que los humanos necesitan el reconocimiento del otro". "El hogar es, así, un espacio de cuidado, donde puedes expresar tu fragilidad". "Tener en cuenta eso, es un modelo de ciudad". Rendueles: "Comunidad es una palabra que tiene connotaciones positivas. Una canción punk puede decir que la sociedad es una mierda, pero será difícil que diga que lo es una comunidad. Comunidad lo limpia todo. Por eso es una palabra utilizada en los anuncios de bancos". "Ciudad y Comunidad no son compatibles necesariamente", "no todas las formas antiguas de comunidad son compatibles con democracia", "el nazismo, por ejemplo, creció más y más rápido en zonas de gran asociacionismo". Explica que un colectivo social, una comunidad, que aspire a un proceso de emancipación –precisa que las transformaciones son conflictivas, si no dolorosas y con riesgos– necesita algo que no se posee en sociedades individualistas y líquidas. Compromiso.

SEGUNDA VUELTA. Brugue: "La ciudad debe ser un espacio que entienda la valentía": Para ello necesita una "democracia mestiza, bastarda, con puntuales ejercicios de autoridad". Se necesita lo que pedía Aristóteles al ciudadano: "Ciudadano es aquel que sabe gobernar, y que sabe ser gobernado". Román: "Relativismo no es pluralidad". "No sabemos lo que es el buen gobierno, pero sí lo que es el mal gobierno: humillación, deferencia con la diferencia". "El buen gobierno es humano, frágil y, por lo tanto, se equivoca". Rendueles: "La ciudad individualista iguala el compromiso con cualquier otro tipo de deseo". No sé, Netflix. "Los procesos participativos son buenos, pero también equiparan propuestas. Son como una carta a los Reyes, que equipara a quién pide un rockódromo con el que pide un hospital". "La participación es el compromiso, la obligación colectiva". "Debemos aspirar a una ciudad institucionalizada. Las comunidades no institucionalizadas le encantan al mercado, cada vez más sensible hacia las comunidades"

divendres 19 octubre 2018